Raro es el día que no haya una novedad hotelera digna de propiciar una escapada a Barcelona. Xavier Pellicer -dos estrellas en la Guía Michelin- la protagoniza este otoño. Su asociación con Lluís Geli y con Josep Maria González Simó, propietario del hotel Cram, ha situado el nuevo Àbac en la cúspide geográfica, arquitectónica y gastronómica de la capital catalana. El arranque de la avenida del Tibidabo, al pie del funicular y junto a los jardines de la Tamarita, enmarca este original complejo de hotel-restaurante con 17 habitaciones y 14 mesas diseñado por el arquitecto Antoni de Moragas en lo que fuera la antigua residencia de Madronita Andreu, hija del famoso doctor de las pastillas para la tos. Entre árboles y césped reluciente, aquel edificio centenario mantiene sus credenciales en equilibrada comunión con un moderno pabellón de cristal y madera cuyos bajos albergan la joya de la corona: una cocina-laboratorio de 200 metros cuadrados proyectada por Joaquim Casademont y el propio Pellicer, contigua a una sala comedor que se abre al verde con serenidad oriental y fluidez mediterránea.
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