Los páramos de la Lora, las tierras altas y peladas donde Burgos se toca con Palencia y Cantabria, tuvieron siempre fama de no dar más que patatas y emigrantes a Vizcaya. La lista de productos típicos aumentó sonoramente el 6 de junio de 1964, cuando el avaro suelo empezó a escupir petróleo en Sargentes de la Lora. Mas enseguida se vio -poco dura la alegría en casa del pobre- que aquel crudo no iba a cambiar el sino de la comarca, pues era difícil de extraer y tan malo que estropeaba los catalizadores de las refinerías.No, el verdadero tesoro de la comarca no es de color negro, sino transparente, y no se halla bajo tierra, sino al aire libre, bien es verdad que encajonado entre paredes calizas de 300 metros de altura.
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