AL BAJAR del avión que nos conduce a Bilbao nos recibe la característica que dominará nuestra estancia de cuatro días en la ciudad vasca: el diseño. Bajo este denominador común, la arquitectura de la urbe, desde el aeropuerto (obra de Santiago Calatrava) hasta el corazón de la ría bilbaína, con el Guggenheim como ojo que todo lo ve (del arquitecto Frank Gehry), se ve sometida a una renovación espectacular que nos impresionó de forma tan grata los cuatro días.Como si de una película futurista se tratase, mientras paseamos por las calles, el tranvía nos acompaña con su silencioso transcurrir de idas y venidas. El silencio es otro de los rasgos característicos de esta urbe.
Categorías:
Etiquetas:
0 comentarios
¿Quieres comentar? Regístrate o inicia sesión