Bodas, comuniones y bautizos. Y un hotel donde celebrarlo. Por comodidad, organización e instalaciones adecuadas para congregar multitudes. Algunas veces, este tipo de hoteles sacrifican incluso cierta capacidad de alojamiento por dar espacio a los salones de convite, siempre que el escenario sea único o tenga duende. En el cerro Miramar de la capital malagueña acaba de entrar en funcionamiento uno de estos lugares que todo el mundo elige para casarse y dar prosapia al álbum fotográfico del festejo. El Castillo de Santa Catalina es un palacete hispano-musulmán construido en 1932 sobre los restos de una legendaria fortaleza que defendió la ciudad, allá en tiempos de Felipe IV.
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