Lo de campiña segoviana suena bien, todo un hallazgo. Ondulaciones de cereal al noroeste de la capital, con mínimos cuadros de huerta y máximas manchas de pinar: entre éstas que arrancan en la campiña y las de la contigua Tierra de Pinares, más de 2.000 kilómetros cuadrados de pino negral, que se dice pronto. Sumergidos en un verde andaluz, pueblos desleídos como terrones.
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