Hay un lugar en México que puede parecer el vestigio de una civilización milenaria, pero que no lo es. Eso que se lo dejen a los aztecas, mayas, olmecas y los cientos de ruinas del país. Las Pozas de Xilitla son otra cosa. Llamémosle capricho o quizá el mayor monumento surrealista al aire libre jamás concebido. Lo cierto es que aquí los cuadros de Escher, del muy anterior Giovanni Battista Piranesi, de Remedios Varo o de la también mexicana Leonora Carrington dejan de ser mero territorio del lienzo para convertirse en esa ciudad jardín inhabitable que salió de la imaginación del aristócrata inglés Edward James (1907-1984).
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