Hace más de 700 años, un rey etíope decidió hacer de su ciudad la Jerusalén del mundo cristiano ortodoxo. Pero en vez de levantar grandes templos a la manera clásica, se le ocurrió excavarlos en la roca. Es la noche del 1 de mayo, y esas iglesias talladas en el maleable suelo volcánico del norte de Etiopía son un hervidero de gente. Miles de peregrinos envueltos en túnicas blancas llamadas gabi (o kemis en el caso femenino) han llegado hasta este remoto punto de África para celebrar la pascua ortodoxa etíope.
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