Convertida por la tradición en una ciudad de vacaciones para el español medio, Alicante va mucho más lejos. Es un foco de atracción para jóvenes europeos, para bohemios enamorados del casco antiguo, para humanos variopintos que conciben lo urbano bajo el olor a mar. Difícil imaginar un lujo más asequible que una playa bañando el mismo corazón de la ciudad. O un casco histórico lleno de bares con encanto a un paso de las embarcaciones.
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