El primer espectáculo que ofrece Manaos, capital de 1,4 millones de habitantes, es el encuentro de dos ríos: el Solimoes y el Negro. En cuanto el visitante llega, la capital de la Amazonia brasileña le invita a desplazarse hacia el norte, a 10 kilómetros del puerto fluvial, para fotografiar las aguas color chocolate del Solimoes, que arrastran una marea de troncos y engullen literalmente las ferruginosas corrientes del río Negro. Al espectáculo se suman además grupos de delfines, rosados o plateados, saltando.Los turistas regresan a la ciudad en un barco acristalado, que también es restaurante, para celebrar su viaje a la selva con una buena comida a base de pirarucu o tucunaré, dos de los peces más preciados en estas latitudes.
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