Grandvalira, la estación invernal más grande y una de las mejor dotadas de los Pirineos, cuenta entre su amplia oferta hotelera con un exponente inusual en Andorra del encanto y el lujo. Bajo su apariencia remedada de un chalé tirolés (frescos alegóricos en la fachada, revestimientos interiores de madera tintada o labrada, chimenea siempre viva en el salón), el hotel Ski Plaza reclama la atención de los bons vivants que tras una jornada de oxígeno en pistas no renuncian al placer de la lectura en el dormitorio, a la charla frente a la barra del lobby o a una cena temática junto a los murales bucólicos del comedor.Su relativa proximidad a la base del telecabina constituye una ventaja y, al mismo tiempo, un incordio: hay que recorrer el trecho a pie vestido de romano..
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