El 16 de noviembre de 1855, mientras descendía en canoa el Zambeze, David Livingstone divisó al fondo de un largo ensanchamiento del río cinco enormes columnas de humo. Era el vapor de agua surgido de las cataratas Victoria. Para los nativos de la zona, este formidable espectáculo de la naturaleza respondía al nombre de Mosi-Oa-Tunya, el humo que truena. Perfecta definición de lo que uno experimenta cuando se aproxima a las cataratas Victoria.
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