Madagascar es, entre otras muchas cosas, el país de los baobabs. Cierto que la isla posee una fauna única, en la que destacan los divertidos lémures, unas tierras altas que embrujan con sus colinas verdes y sus campos de arroz de reminiscencias asiáticas y unas playas de arena y palmeras que provocan el asombro del viajero, pero son probablemente los baobabs -unos árboles enormes, antiguos y misteriosos- lo que más impresiona de la isla africana, cuarta del mundo en extensión.El baobab es, en cierto modo, la memoria de África, ya que algunos tienen más de 3.000 años.
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