Justo frente a las playas de Hurghada, y sus peces de colores, se despliega un cordón montañoso donde empieza el desierto Oriental, el gran tampón de arena entre el mar Rojo y el Nilo. El mayor monte de la zona, el Yebel Shaayib, parece arañar el cielo con los siete dedos de una garra. Sus 2.242 metros lo convierten en la cumbre más alta de Egipto fuera del Sinaí y quizá por eso pretende tener algo de magia.
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