En un mundillo tan tecnificado como el de la cocina contemporánea, cada vez son más raros los cocineros vocacionales que abandonan su propia profesión para competir en un ámbito que les es ajeno. Éste es el caso de Víctor Enrich, de 33 años, antiguo auditor de la empresa Deloitte, experto en análisis financieros, que, tras un periodo de aprendizaje, ha irrumpido con descaro en el escenario de la hostelería madrileña. Y lo ha hecho con ventaja, avalado por un sólido respaldo económico que le ha permitido montar un restaurante de lujo, de estética neoyorquina, en una urbanización residencial a las afueras de la urbe.La carta, muy limitada, corresponde a las especialidades de un gourmet sensible, justito de recursos técnicos, que saca a relucir algunos conocimientos prendidos con alfileres.
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