Los vinos del Douro son como un estallido poderoso, profundo, denso y colorido en el paladar. No dejan indiferentes, son todo salvo anodinos. "Desde hace un par de años, los españoles están comenzando a respetar el vino de aquí; antes lo consideraban como un caldo cualquiera", comenta Dirk van der Niepoort, de origen holandés y productor de vinos de mesa y de oporto. "Este vino no se bebe, se mastica", rezaba el eslogan que acuñó la empresa que vendía el Vallado 97, de la Quinta do Vallado: todo un éxito. Vinos largos, con estructura, taninos y mucho alcohol: 14,5 grados.
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