Es un escenario. Pero no uno convencional, entendido como un tinglado de madera al que se encaraman los actores. Pals (Girona), medieval y bien conservada localidad del Bajo Ampurdán, se presta toda ella -calles, piedras, música, luces, gente- a la evocación de una alegre trama, con su planteamiento, nudo y desenlace: el nacimiento de Jesús.La noche está a punto de caer, y los rojos, azules intensos del atardecer mediterráneo -al que se asoma la cercana playa de Pals- constituyen el primer y extraordinario fondo. No hay que llegar con la hora justa: la villa, monumental y armónica, con castillo del siglo IX, románica torre de las Horas (de planta circular y 15 metros de altura) y reconstruida muralla del siglo XII, se ofrece en toda su hermosura, y mejor no desaprovecharla.
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