La capital de Lituania acaba de cumplir mil años. Se renovó y se embelleció para mostrar al mundo su mejor cara el año pasado, cuando celebraba su capitalidad cultural europea. Ahora que ha vuelto a su tranquila intimidad es un buen momento para visitarla. El río Neris divide la Vilna contemporánea -la de edificios modernos y los rascacielos- de la Vilna histórica, de antes de la Segunda Guerra Mundial.
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