Si uno se ve invadido por sentimientos otoñales, Marraquech no está muy lejos y es un lugar estupendo para darse un baño de vitalidad. La ciudad "ocrerrosada", como la llama uno de sus habitantes, el escritor Juan Goytisolo, es luminosa, alegre y musical, incluso en esas estrechas, oscuras y pestilentes calles de la medina en las que te asalta una pobreza que no es tercermundista, sino directamente medieval. Los habitantes de la que fue capital del reino magrebí tienen fama de humoristas entre sus compatriotas, no pierden la ocasión de hacer un chiste sobre casi cualquier cosa. Como su particular y tolerante versión del islam, embebida de misticismo, culto a los santos y pasión por las romerías, esto es, el fruto de una triple herencia: bereber, árabe y africana.
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