En las últimas décadas, la cocina japonesa, aferrada a un visceral inmovilismo, no ha sido ajena a soplos de evolución gestados fuera de sus fronteras. Mientras que en California surgía el new style, fundamentado en la fusión y remodelación de especialidades tradicionales (con resultados como los california rolls), en Latinoamérica (por ejemplo, en México, Venezuela y Brasil) se sentaban las bases del sushi latino, con la incorporación de cremas de queso, chiles y frutos tropicales como el aguacate.A partir de los años ochenta, en Perú cristalizaría la cocina nikkei, fusión nipona-criolla, la variante más suculenta del planeta, cuyo mejor representante en Lima es Toshiro Konishi. Y en 1991, en Francia surge la wa fumi (japonesa-francesa), una suerte de nouvelle cuisine oriental, de la mano de la cocinera Mariko Uenu.
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