Tres jóvenes profesionales -Sergi Fernández, cocinero, de 30 años; Lidia Hernández, repostera, de 26, e Irene Carcar, jefa de sala, de 23- han colocado en las alturas uno de los lugares más insólitos del mapa gastronómico de Barcelona. Antes que un restaurante se trata de una tienda de vinos de calidad, cuyo propietario, Pedro Soley, gourmet de vocación, posee en Andorra un establecimiento semejante, aunque de envergadura superior.A la entrada, una minibarra con varias mesitas donde se paladea jamón de Joselito, anchoas de alta gama y grandes latas de pescado.
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