Algunos salen huyendo. Otros se sienten ligeramente decepcionados. Los hay que ni se acercan e intentan disuadirte de que lo hagas. Florencia, ciudad consagrada por entero al turismo, parece espantar a algunos visitantes, sobre todo a ese tipo de turista que llamaríamos renegado: el que repudia su condición de turista -prefiere ser llamado, románticamente, viajero- y evita los destinos masificados, las visitas obligadas y las infraestructuras turísticas. De todo ello hay, y mucho, en Florencia. Lo que para unos son atractivos y comodidades, para otros son una forma de falsificación, una suerte de parque temático, por genuino que sea.
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