Si en los últimos años Carlos Oyarbide, cocinero de formación sólida y apellido ilustre, ha pasado medio inadvertido para el mundillo gastronómico ha sido a causa de su errática trayectoria, jalonada de éxitos resonantes y desapariciones bruscas. Tras su efímera presencia en el Regalero Real (El Escorial, Madrid) y el desafortunado cierre del concurrido Carlos Oyarbide en El Plantío (Majadahonda), pasaría a dirigir las cocinas de la Casa de Guipúzcoa en Madrid, antes de convertirse en asesor del parque temático Warner para el diseño de menús y la formación de equipos.De forma súbita, emerge ahora al frente de un restaurante de lujo cuyo interiorismo presume de haberlo realizado él mismo.
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