He aquí un ejemplo de cómo una poco meritoria rehabilitación de una antigua estación de ferrocarril por parte de la Generalitat valenciana adquiere una década después, en las manos de un particular con talento y fina sensibilidad, el atractivo de un hotel con encanto. Sebastián Lodder es este mago de la lámpara que, con la ayuda profesional de su mujer, Josefina Soifer, y su primo Mats Lodder, viene a demostrar que la buena conducción de un hotel reside en la exquisitez de los detalles y no tanto en el inventario legal de sus instalaciones y servicios.Su intervención en la vieja parada del tren ha tenido como prioridad el ámbito exterior, persuadido de que un hotel es esencialmente un escenario donde se juegan los roles de este mundo, y como tal debe cuidarse el atrezo hasta el último punto de vista.
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