La unión de Robert Graves (1895-1985) y Deià es tan esencial, tan íntima y honda al mismo tiempo, que los dos, escritor y pueblo mallorquín, han corrido una suerte semejante en su proyección planetaria. De ahí la importancia de inaugurarse la casa que habitó Graves, salvo el paréntesis de la Guerra Civil, desde 1932 hasta su muerte.El autor de El vellocino de oro siguió el consejo de Gertrude Stein: "Mallorca es el paraíso, siempre y cuando puedas soportarlo".
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