Conviene empezar el paseo por Calblanque, un sorprendente paraíso con kilómetros de playas arenosas, acantilados y dunas fósiles de gran interés geológico, a pocos kilómetros del cabo de Palos y de los excesos urbanísticos de La Manga, donde sólo los restos de algunas explotaciones mineras y dos núcleos de pequeñas casas cúbicas y encaladas -Covaticas y La Jordana- delatan la actividad humana. Calblanque es una palmera y un palmito, una azufaifa y un cornical. Es la luz mediterránea, el viento cálido y el cielo infinito.
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