Nadie se sumerge dos veces en la misma Habana. Y menos en estos tiempos en que la prensa internacional se agarra a cualquier clavo para demostrarle al respetable que los cambios están a la vuelta de una esquina del Vedado. Digámoslo de una vez y pasemos a lo otro: lo único que hasta ahora cambia en Cuba son las mareas, y eso, gracias a la luna. El resto, sociopolíticamente hablando, es más de lo mismo, da igual que digan que los cubanos pueden viajar sin autorización estatal o acceder a los hoteles: lo primero no es cierto y lo segundo casi nadie puede pagarlo.
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