Después de una meritoria rehabilitación, la antigua casa palacio de los marqueses de Riscal, construida a mediados del siglo XIX, acaba de abrir sus puertas en Madrid convertida en un espacio polivalente. Lugar extraño, que respira una vaga privacidad, pero que se declara predispuesto a albergar manifestaciones culturales abiertas. Entre sus objetivos prioritarios, el aspecto gastronómico, de cuya dirección se ocupa Andrés Madrigal, cocinero de valía cuya trayectoria profesional ha estado marcada por periodos llamativos y desapariciones erráticas.
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