Siempre aprendemos, aunque a veces nos parezca que aprendemos al revés, que conceptos nuevos reflejan nuestra ignorancia, pues lo aprendido siempre ha estado ahí. En los últimos meses hemos escuchado la palabra cayuco, esas embarcaciones haciendo agua que llegan a Canarias con personas deshidratadas que han cruzado el mar ("esa otra muerte", dijo Borges, y la metáfora aquí no puede ser más triste y certera) buscando materializar sus esperanzas. Si, en los mapas que nos muestran los periódicos, seguimos el itinerario de esos cayucos en sentido contrario, llega nuestro dedo a costas en las que tal vez nunca antes reparamos. Como las de Mauritania.
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