La silueta del hotel Del Coronado se recorta contra los atardeceres del Pacífico como la ciudad esmeralda se le apareció a Dorothy cuando buscaba regresar a Kansas. Uno no llega a través de un camino de ladrillos amarillos, sino a través de un puente inmenso que cruza la bahía de San Diego. Pero el efecto es, o debe de ser, el mismo, porque el escritor de cuya mente nació El mago de Oz, L. Frank Baum, era un huésped asiduo en este hotel, uno más en sus hamacas y cafeterías, y sus torres y tejados inspiraron en parte aquella mítica ciudad de ficción.
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