Perdón por el tópico, pero al fondo del callejón, por el arco de luz, pasa un hombre con chilaba. Luego, una mujer velada con un hatillo en la cabeza y un niño en la cadera. Un burro tiñoso tirando de un carro hecho a trozos con un viejo viejísimo encaramado en lo alto.Son las ocho de la mañana del sábado, hace tiempo que el muecín ha llamado a la oración. La medina se despereza, abriendo los puestos somnolientos de sus zocos.
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