Poco a poco, Aranjuez se consolida como un enclave gastronómico. Además de Casa José, en progresión paulatina, que lleva tiempo rehabilitando la producción vegetal de la huerta renacentista del Picotajo, destaca la irrupción de Rodrigo de la Calle, discípulo de Berasategui, cuyo moderno restaurante en el centro del pueblo constituye una revelación para los aficionados. En la planta baja ofrece platos contemporáneos con especial incidencia en frutos y plantas de rango ecológico. Delicadezas vegetales insólitas procedentes del Huerto del Cura de Elche (gastrobotánica), como el caviar cítrico, las hierbas de hielo o las algas de tierra, que incorpora esporádicamente a sus platos, todos de sensatez garantizada.
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