Hasta 1996, las aguas del Mondego han estado emulando a las del Nilo. De su piel lisa emergía un templo. O más exactamente, los techos y pináculos del viejo monasterio de Santa Clara, pura estampa romántica a los pies de la universitaria Coimbra. Y es que el convento estaba donde no debía. Había sido fundado en el siglo XIII en el lugar equivocado, ya que aquellos arrabales se encuentran a cuatro metros por debajo del nivel de las aguas.
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