Moscú y San Petersburgo, las dos ciudades más populosas de Rusia, están unidas por una red de cursos de agua, naturales y artificiales, que incluye los míticos ríos Volga, Svir y Neva; el inmenso embalse de Rybinsk -más de 700 pueblos yacen bajo sus aguas-; el canal Volga-Báltico, construido en época de Stalin, y los misteriosos lagos Ladoga, Onega y Blanco. Durante el viaje, y además de visitar las ciudades que van surgiendo al paso de las aguas, el viajero tiene la posibilidad, mientras permanece a bordo, de disfrutar de variadas actividades: charlas; clases de canto y ruso, recitales de música popular..
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