Tras un rápido vistazo a sus trasnochados comedores, la pregunta resulta inevitable: ¿cuáles son los méritos de este restaurante con más de un cuarto de siglo a sus espaldas, una barra vetusta a la entrada, un mobiliario caduco y centenares de fotografías del mundo taurino colgando de las paredes? Lo que tradicionalmente ha caracterizado a Jota Cinco, que mantiene su aire de mesón trasañejo, ha sido la calidad de las materias primas. Embutidos y chacinas de Joselito, y pescados y carnes nobles han presidido una carta convencional salpicada de platos burgueses que en algunos casos tendían a pecar de pretenciosos.Con el paso del tiempo, el local, amplio y repleto de recovecos, se mantiene firme en la selección de los productos: mantequilla Echiré y aceite Marqués de Griñón en las mesas; conservas de pescados y mariscos de Ramón Peña, en la carta, además de un largo etcétera.
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