No resulta fácil tropezar con un ciudadano japonés tan risueño y extravertido como Hiddeki Matsuhisa. Sin su capacidad de seducción, su segundo restaurante recién inaugurado en Barcelona, situado cerca del primitivo Shunka, refugio favorito de Ferran Adrià y de muchos aficionados a la cocina japonesa, no vibraría de manera semejante. Tras un renovado interiorismo, obra del arquitecto Pere Cortacans, el nuevo establecimiento, que durante años ocupó el restaurante La Odisea, se ha convertido en un gran escenario, con cocina central a la vista, barra circundante, mesitas y materiales que aúnan rusticidad, naturalismo y diseño. En el centro, un show cooking al más puro estilo nipón, con una brigada que trabaja a ritmo frenético bajo las órdenes de su patrón, profesional que con la ayuda de su esposa sirve mesas, toma comandas y prodiga sonrisas en la sala.
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